viernes, 8 de septiembre de 2017

Ella

Cuando ella volteaba a verme me sentía realmente importante, su luz llegaba de una manera totalmente inexplicable, casi penetrante en cada parte de mi ser, su luz podía tocar todas mis fibras, pasando a través de mí, contagiándome, ella iluminaba mi alma, sentía que todo lo que yo era de alguna manera tenía sentido, me hacía sentir tanta paz, tanta paz...
Debo admitir de manera un poco melancólica que ninguna mujer me había hecho sentir de esta manera, nunca vi a alguien que brillara tanto, quizás tanta luz no estaba hecha para mí, era una especie de sistemas muy complejos, era tan difícil para mí seguirle el ritmo, siempre estaba un paso adelante de mí, al final sólo la veía avanzar, veía tanta fuerza, y ella sólo volteaba a sonreír cuando ya había superado todos su problemas, como si nunca hubiese necesitado ayuda, de alguna manera me sacaba de quicio, me sacaba de quicio no poder compartir sus sonrisas, me enfermaba el alma no poder conocerla un poco más, ella siempre estaba con barreras, podía conversar de muchas cosas con tanta naturalidad; naturalidad algo perdida e inestable, pero entre tanta naturalidad jamás dejaba que alguien más la conozca, era tan dura de cabeza.

Ideé una serie de formas para poder llegar a ella, pero todas estas formas fueron pasándome la cuenta, todos mis esfuerzos eran en vano, creía que existiría alguna posibilidad, creía que algo de mí había quedado en ella, pero lo único que vi cuando se alejó fue el terror que vivía en su interior, al final no superaba tanto las cosas como yo creía, no avanzaba tan rápido como creía, ella realmente tenía una tarea muy difícil consigo misma, tanto así que le aterraba la idea que alguien se de cuenta de eso, le aterró la idea de que yo me entere de aquello, le aterró tanto que tuvo que irse, siempre dejaba todo atrás, ante cualquier eventualidad que ponga en riesgo su salud emocional ella huía, siempre huía. No brillaba tanto como todos pensaban, no tenía tanta luz, no era más que una frágil joven, una joven que también sentía, una joven que cuando estaba sola no brillaba ni para ella misma, pero esa joven, a pesar de no brillar tanto como todos creían, como yo creí, de pronto me sorprendía a la distancia, cuando creía que ya no quedaba luz en su interior podía verla, resplandeciendo una vez más y preguntándome si todo lo que descubrí de ella era cierto, me preguntaba si el terror aún seguía ahí, hasta que me di cuenta que más que luz, ella tenía esperanza, y la esperanza a la que se aferraba la hacía brillar más que nadie en este mundo, ella movía todo mi mundo; ella aún mueve todo mi mundo, incluso a la distancia"

Un hombre común.